Un artista ilustra la superficie de la Estrella de Barnard (M. Kornmesser/European Southern Observatory)
Un artista ilustra la superficie de la Estrella de Barnard (M. Kornmesser/European Southern Observatory)

Residentes del hemisferio norte, miren hacia arriba: los astrónomos han descubierto evidencia de un mundo extraño.

El nuevo planeta no se parece en nada a nuestro propio sistema solar, según dicen los investigadores. Es más grande que la Tierra pero más pequeño que Neptuno, y lo suficientemente lejos de su tenue y rojo sol como para que el agua de su superficie se almacene en hielo.

Pero esta “súper Tierra”, el segundo exoplaneta más cercano conocido por la ciencia, es una pista tentadora de qué otra cosa podría estar ahí fuera. Y en el no tan lejano día en que los telescopios sean capaces de fotografiar planetas alrededor de otras estrellas, podría ser el primer mundo nuevo que veamos.

“Estamos pasando de la ciencia ficción a la realidad científica”, dijo la astrónoma de Carnegie Johanna Tesk, que contribuyó a un estudio del nuevo planeta publicado en la revista Nature. “Hay tantas posibilidades allí”, agregó.

El sol del exoplaneta, un pequeño cuerpo conocido como la Estrella de Barnard, es uno de los vecinos más cercanos de nuestro sistema solar. Las únicas estrellas más cercanas son las estrellas tripletas del sistema Alpha Centauri, que es principalmente visible en el cielo del sur. Una de esas estrellas, Proxima Centauri, está orbitada por un pequeño planeta, pero la tendencia a arrojar bengalas de radiación significa que es improbable que su planeta sea habitable.

La Estrella de Barnard ha sido durante mucho tiempo “la gran ballena blanca” de la caza de exoplanetas, dijo el astrónomo de Carnegie Paul Butler, coautor del artículo de Nature. Está a solo seis años luz de nuestro Sol, y posiblemente tenga el doble de edad. Uno de los principales arquitectos de la investigación de exoplanetas, el astrónomo Peter van de Kamp, propuso hace más de 50 años que esta estrella podría albergar un planeta. En la década de 1970, los astrónomos británicos estudiaron la posibilidad de enviar una nave espacial sin tripulación para probar el sistema alienígena, aunque no había ninguna evidencia de que existiera un planeta para explorar.

Una ilustración de las distancias relativas entre el sol y las estrellas. la Estrella de Barnard es la segunda que queda más cerca (Guillem Ramisa/IEEC/Science Wave)
Una ilustración de las distancias relativas entre el sol y las estrellas. la Estrella de Barnard es la segunda que queda más cerca (Guillem Ramisa/IEEC/Science Wave)

Pero no fue hasta que se confirmó el primer descubrimiento de exoplanetas en 1995 que la búsqueda de un mundo alrededor de la Estrella de Barnard comenzó en serio.

Esta pequeña estrella es una décima parte de la masa de nuestro Sol y es demasiado débil como para ser vista a simple vista. Pero su baja masa lo hace ideal para el análisis mediante la técnica detección de exoplanetas a velocidad radial, que explora la forma en que la fuerza gravitatoria de un planeta hace que una estrella se tambalee a medida que orbita alrededor de él.

Una gran cantidad de telescopios en tres continentes han puesto la mira en la Estrella de Barnard, permitiendo a los investigadores acumular unas 800 observaciones a lo largo de 20 años. Los autores del estudio también se basaron en datos recopilados por astrónomos aficionados.

Hizo falta los esfuerzos combinados de más de 50 investigadores en unas dos docenas de instituciones, pero “poco a poco surgió una señal“, comentó el astrónomo Ignasi Ribas, director del Instituto de Estudios Espaciales en Catalunya y el autor principal del artículo de Nature.

El tambaleo periódico de la Estrella de Barnard sugiere que está rodeado por un gran planeta una vez cada 233 días. Muy pocos exoplanetas se han encontrado tan lejos de sus estrellas (los planetas con períodos orbitales cortos generan señales más frecuentes, lo que hace que sean más fáciles de detectar).

Debido a que la Estrella de Barnard es tan tenue, el largo período orbital del planeta lo sitúa en la “línea de nieve”, donde la luz del Sol es tan débil que su superficie está perpetuamente congelada. Su temperatura en la superficie es posiblemente de -150 grados centígrados.

Esto coloca al planeta fuera de la tradicional “zona habitable”, donde se cree que las condiciones están maduras para la vida. Pero Teske señaló que los microbios son criaturas resilientes: si hay agua en el planeta y si hay otros ingredientes necesarios, es posible que los organismos se escondan en un océano debajo del hielo.

Sin embargo, muchas cosas sobre el planeta que gira alrededor de la Estrella de Barnard siguen siendo una incógnita. Los astrónomos no están seguros si es rocosa como la Tierra o si está hecha de gas y hielo, como Neptuno. Saben que debe ser, al menos, tres veces más masiva que la Tierra, pero podría ser incluso más grande.

Ni siquiera están completamente seguros de que el planeta esté allí. La investigación amplió los límites de la técnica de detección de velocidad radial, que se vuelve más difícil cuanto más lejos está el planeta de la estrella. Los modelos matemáticos sugieren que todavía hay una probabilidad del 0.8 por ciento de que la aparente fluctuación de la Estrella de Barnard esté provocada por algún otro factor, como las manchas solares. Por esa razón, el exoplaneta se considera un “candidato”, en lugar de un descubrimiento confirmado.

“Detecciones difíciles como esta merecen confirmación por métodos independientes y grupos de investigación”, escribió por su parte Rodrigo Díaz, un astrónomo de la Universidad de Buenos Aires que no participó en la investigación. Pero si se confirma, el “planeta extraordinario” daría “una pieza clave en el rompecabezas de la formación y la evolución de los planetas”.